Una inédita campaña científica reconstruye la vida, el trabajo y la estrategia soberana en el Atlántico Sur durante el siglo XIX, a partir de vestigios materiales y documentos históricos en uno de los territorios más remotos del país.
Entre el 15 y el 31 de enero, un equipo de especialistas del CONICET, la Universidad de Buenos Aires y otras instituciones llevó adelante la primera campaña arqueológica histórica sistemática en la Isla de los Estados, un territorio extremo ubicado a 230 kilómetros de Ushuaia y accesible únicamente por vía marítima a través del desafiante estrecho de Le Maire.
La iniciativa se desarrolló en el marco de la expedición “Aquí Hay Dragones”, con apoyo de la Armada Argentina, y se propuso reconstruir el rol estratégico que tuvo la isla en el siglo XIX, especialmente en su vínculo con las Islas Malvinas. La campaña, liderada por el marino y Veterano de Guerra de Malvinas Roberto Ulloa, “no sólo busca producir conocimiento científico, sino también poner en valor el patrimonio histórico de la isla, visibilizar la importancia de cuidar sus sitios, reflexionar sobre nuestra historia marítima y fortalecer la memoria y la soberanía en el territorio”, afirmó Carlos Landa, investigador del CONICET y responsable del proyecto.
Asimismo, el motivo principal de la misión científica fue ampliar la información sobre esta isla que desempeñó un rol estratégico y económico clave en el siglo XIX, sirviendo como base de aprovisionamiento de madera para las islas Malvinas durante la gobernación argentina de Luis Vernet.
Durante la campaña, los investigadores relevaron sitios emblemáticos como el Faro San Juan de Salvamento, inaugurado en 1884, donde registraron estructuras vinculadas a la vida cotidiana de los fareros. “En el lugar encontramos múltiples materiales, de vidrio, metálicos, algunos referidos a la alimentación, que hablan de la vida cotidiana de esas personas”, señaló Sebastián Ávila, becario doctoral del CONICET.
También identificaron restos de la Subprefectura, una antigua cárcel y una estación meteorológica que funcionó hasta fines del siglo XIX.
El trabajo incluyó además estudios en Puerto Cook, donde se trasladó el primer presidio de la isla. Allí, el equipo documentó estructuras y objetos que permiten reconstruir la vida en condiciones extremas. “En este sitio relevamos estructuras de la prisión que albergó a más de cien presidiarios y otros sitios vinculados al siglo XIX, documentando evidencias de la vida cotidiana, el trabajo y la permanencia humana en un entorno extremo”, indicó Landa.



Entre los hallazgos, se destacan vainas de cartuchos Remington y elementos asociados al ámbito náutico. “En particular, encontramos un objeto muy interesante, un pescante, que es una estructura de hierro que funciona justamente para elevar los botes”, detalló el investigador.
La expedición también exploró Bahía Franklin, donde se registraron vestigios posiblemente vinculados a un naufragio de Luis Piedrabuena. “Se dio con un sitio que tiene un potencial interesante para pensarlo como posible campamento de náufragos”, explicó Landa, al describir la presencia de chapas de zinc, maderos y botellas de vidrio.
La motivación que identifican los investigadores al llevar a cabo esta campaña en la Isla de los Estados tiene que ver con la temática de investigación que lleva adelante el grupo de estudios de arqueología histórica de frontera. En esa línea, Ávila subrayó: “A partir del cruce entre los hallazgos materiales y la documentación histórica sobre la colonia de Luis Vernet y otros archivos, nos interesa reconstruir circuitos de aprovisionamiento, dinámicas laborales y redes de circulación de personas y bienes en el Atlántico Sur”.
Las condiciones del terreno, el clima adverso y las exigencias logísticas marcaron el ritmo del trabajo. La expedición total demandó una fortaleza y preparación física y mental extrema. Las dificultades para acceder al agua potable y la necesidad de adaptarse a un entorno hostil son ejemplos de lo que tuvieron que afrontar.
Los resultados de la experiencia serán la base de un proyecto de largo plazo orientado a la investigación y conservación. Landa concluyó: “Estos trabajos nos ayudan a entender cómo vivieron aquellos hombres, qué comían, cómo se vestían, cómo sobrevivían en sitios tan indómitos. Y lo más importante, nos permiten conocer los primeros intentos del Estado argentino por establecer soberanía sobre estas islas, un aspecto fundamental de nuestra historia”.





