Un equipo internacional detectó una formación rocosa no cartografiada durante una misión en el mar de Weddell. El hallazgo, inicialmente confundido con un iceberg, obligará a actualizar mapas náuticos en una región clave.
Una expedición científica internacional logró identificar una isla hasta ahora no contemplada en las cartas náuticas del noroeste del mar de Weddell, en la Antártida, durante una campaña de investigación centrada en las corrientes oceánicas y el retroceso del hielo marino.
El hallazgo se produjo de manera fortuita, en medio de condiciones meteorológicas adversas que obligaron al rompehielos Polarstern a modificar su ruta y buscar resguardo en las cercanías de la isla Joinville.
En ese contexto, una formación que a simple vista parecía un bloque de hielo llamó la atención de la tripulación. “En nuestra ruta, la carta náutica mostraba una zona con peligros desconocidos para la navegación, pero no estaba claro qué era ni de dónde procedía la información”, explicó Simon Dreutter, especialista en batimetría.

El investigador detalló el momento del descubrimiento: “Mirando por la ventana, vimos un ‘iceberg’ que parecía algo sucio. Al examinarlo más de cerca, nos dimos cuenta de que probablemente era una roca. Entonces cambiamos de rumbo y nos dirigimos hacia allí, ¡y cada vez era más evidente que teníamos una isla frente a nosotros!”.
La embarcación se aproximó con cautela, manteniendo condiciones de seguridad para la navegación, hasta lograr rodear la formación a unos 150 metros. Mediante el uso de una ecosonda multihaz y drones, el equipo realizó un relevamiento completo que permitió establecer sus dimensiones: aproximadamente 130 metros de largo, 50 de ancho y una elevación de 16 metros sobre el nivel del mar. Esta fue la primera vez que la isla fue cartografiada de manera sistemática.
El descubrimiento pone en evidencia limitaciones en la cartografía existente. Aunque el área ya estaba señalada como peligrosa, no figuraba una costa definida y, además, la ubicación registrada difería en alrededor de una milla náutica respecto de la posición real.
La cobertura de hielo que recubre la superficie de la isla contribuyó a que pasara inadvertida en imágenes satelitales, al confundirse con los numerosos icebergs de la zona.

A partir de este hallazgo, se iniciará el proceso formal para asignarle un nombre e incorporar sus coordenadas a las bases de datos internacionales. Este paso será clave para mejorar la seguridad marítima en una región donde la información aún presenta vacíos significativos.
La expedición, integrada por 93 personas, había comenzado el 8 de febrero de 2026 con el objetivo de estudiar la dinámica del hielo y las masas de agua en una zona fundamental para la circulación oceánica global.
En paralelo al descubrimiento, los científicos avanzaron en mediciones sobre el comportamiento del hielo marino. El profesor Christian Haas señaló: “El espesor del hielo mostró una gran variabilidad regional”, mientras que también advirtió sobre un deshielo superficial inusualmente intenso.
El hallazgo de esta isla, surgido casi por azar, refuerza la idea de que incluso en regiones ampliamente estudiadas persisten áreas sin registrar con precisión. En un entorno donde “todo se mueve, se rompe, se confunde”, la aparición de una formación fija bastó para abrir una nueva referencia geográfica en el extremo sur del planeta.
(Ph: Christian Haas)





